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Lo que la Argentina necesita
En esta columna, el pensador reflexiona sobre las causas de las dificultades económicas y sociales de la Argentina. Es un adelanto de lo que va a plantear en el congreso de AAPRESID, que reune a la vanguardia agropecuaria desde el martes próximo, en Rosario, bajo el lema del "empowerment".
 
      La historia económica de la Argentina está directamente relacionada con el destino de la propiedad privada: cuando la propiedad privada está a salvo, la Nación crece; cuando la propiedad privada se ve amenazada, la Argentina decrece.
   
   Una causalidad tan clara no es algo inusual debido a que la experiencia económica general demuestra claramente que sin propiedad privada segura, no existe desarrollo sostenido. Después de casi una centuria de prueba y error, los economistas de todas las naciones concuerdan en que la economía funciona mejor cuando la empresa, los inversores y los trabajadores privados pueden planificar para el futuro sin temer una interferencia política excesiva, locuras ideológicas e incumplimientos de contratos. De este modo, el supuesto misterio de la crisis argentina y su deterioro continuo puede explicarse fácilmente; en realidad, no existe misterio alguno.
   
   Sin embargo, primero debemos definir el concepto de propiedad privada; la propiedad no sólo implica una propiedad real sino también dinero, moneda, ahorros, derechos de jubilación, contratos públicos y privados. Por lo tanto, casi todos los ciudadanos adultos de la Argentina poseen un interés adquirido en la propiedad privada, comenzando con el Peso en su bolsillo.
   
   Desde hace medio siglo, estos propietarios privados han padecido de varias formas de robo del sector privado y público; como la falta de cumplimiento de las cláusulas públicas y privadas, la inflación monetaria, la devaluación, la disminución de las jubilaciones, ahorros y créditos. Todas estas son formas de robo. Incluso, cuando un ataque contra la propiedad es legitimada por el Estado (generalmente sin una discusión adecuada en una democracia a medias como la de Argentina) el propietario sufre un robo de todos modos. Esos son simples hechos, no un juicio o una postura partidaria; la economía no es una ideología, ni siquiera una lección de moralidad sino una cuestión objetiva de pura eficiencia.
   
   Tomemos a la China comunista o a Corea del Norte para entender mejor cómo la ausencia de propiedad privada puede conducir a una pobreza absoluta. Por un lado, consideremos a Nueva Zelanda, Canadá o Chile donde el respeto por la propiedad privada bajo el imperio de la ley es la base de la prosperidad sostenida; cuanto mayor sea el sector privado, mayor será la tasa de crecimiento. En dichos países, que podrían compararse con la Argentina, el Estado es fuerte, no está ausente ni es obseso. El principal objetivo del Estado bajo el imperio de la ley, es proteger los derechos de propiedad de los ciudadanos, no destruirlos. Por consiguiente, los ciudadanos (y no súbditos) de esas naciones tienden a tomar riesgos a largo plazo, a invertir y no a dilapidar los fondos ni a exportarlos; esto es precisamente lo contrario a la situación argentina. La combinación de una propiedad privada fuerte y un Estado justo explica mejor la brecha económica existente entre, digamos, Canadá y Argentina (ambas con una educación de estilo europeo) que las consideraciones culturales vagas o elegantes sobre el surgimiento o la caída de las civilizaciones.
   
   Si consideramos válida esta hipótesis sobre la propiedad privada, la lista de los ataques contra ella en la Argentina parece ser interminable. El proceso de robo disimulado bajo la forma de diversos disfraces ideológicos o argumentos técnicos comenzó después de la 2ø Guerra Mundial y continúa hasta el día de hoy. Los gobiernos han cambiado, han sido democráticos o autoritarios, pero la permanente elección por el camino erróneo ha sido bastante notoria. El robo del Estado afecta en los derechos fundamentales de propiedad como los contratos de privatización, los ahorros, así como en las deudas de los ciudadanos nacionales y extranjeros; los pobres padecen de igual modo la inflación, como la devaluación, la pérdida de jubilación. Si el Estado desprecia los contratos y la propiedad, ¿por qué los corruptos han de comportarse de manera diferente? Los robos menores, las coimas, los secuestros no son más que versiones populares de lo que se maneja en grande en la cima del poder. El comportamiento tan impredecible del Estado ha originado una cultura nacional de inmediatez: hagámonos ricos rápidamente, gastemos y vayámonos. Para toda la sociedad, la elección racional es no ahorrar, no invertir, no creer en el futuro del país. ¡No se puede criticar a los inversores extranjeros por no haber sido mejores patriotas que los argentinos mismos!
   
   Por consiguiente, el hecho de que la especulación y el fraude sean más frecuentes en la economía argentina que el compromiso a largo plazo no tiene ninguna relación con la cultura local ni con la falta de integridad de las personas; es la estrategia de supervivencia en un contexto hostil.
   
   ¿Se podría modificar dicho contexto y cambiar la economía por completo y de verdad?
   
   De hecho, en teoría, se podría lograr, pero hasta el momento —como se percibe desde el extranjero — no hay ninguna señal visible. Es verdad que a algunos exportadores les está yendo muy bien, la mayoría en los agronegocios. «éstos son los empresarios más eficientes del país y conocen bien el mercado mundial; pero carecen de incentivo para diversificar y crear una agroindustria sofisticada como lo ha hecho su vecino Brasil. No significa que los argentinos sean menos emprendedores que los brasileros. Brasil está simplemente más seguro que la Argentina, más aún, debido a que Lula venció el tercermundismo.
   
   Las decisiones políticas recientes han agravado la dolencia nacional por el incumplimiento de contratos con los inversores nacionales y extranjeros, los jubilados o los simples propietarios de cajas de ahorro. Los agravios comerciales con el FMI tampoco son el sustituto del debate. Mientras que no se comprenda ni se revelen los motivos del decrecimiento histórico, los ciudadanos seguirán viviendo en una realidad cotidiana y de pobreza.
   
   Lo que Argentina necesita con urgencia es una Constitución económica. Una Constitución tal que prohíba a los gobiernos a interferir con la propiedad privada. Y que debe ser escrita por hombres sabios y aprobada por un referéndum nacional.
Por Guy Sorman, intelectual y escritor francés
 
 
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 Por Víctor H. Trucco.
 - El país frente al futuro bienestar del mundo
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 - El rumbo hacia donde vamos
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 - Argentina, la revolución agrícola
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